Basta de distracciones

De tanto correr por la vida, nos olvidamos de pasear un poco cada día. De tanto hablar, decimos poco y escuchamos aún menos. Y por viajar tanto, no pudimos estar. Porque, mal que nos pese, vivimos distraídos. El futuro es una trampa que nos engaña y confunde… Los ruidos, las luces, las pantallas, los gritos, el trabajo… son ladrones de tiempo y de atención.

Y lo peor es que ensayamos los errores, los perfeccionamos y los repetimos. Aprendemos, naturalizamos y enseñamos hábitos que nos alienan, nos alejan y nos enferman de soledad. El diagnóstico es simple: nos sobra futuro y nos falta presente. La cura también lo es: desconectarnos de las promesas para conectarnos con lo único real que tenemos, el hoy.

Porque la vida transcurre aquí y ahora, a los costados del camino. Necesitamos más de esos momentos de encuentro, con nosotros y con los otros. Un paso, dos pasos, la música que nos acerca, un pisotón inoportuno, una mirada cómplice, mi torpeza, su paciencia, una sonrisa íntima, ella que se apoya en mis hombros y, juntos, su presencia y mi presencia.

Cuando logras estar plenamente presente, el resto del mundo parece apagarse y el tiempo se congela. Escuchas su respiración y la tuya, los latidos de su corazón se confunden con los tuyos, y los cuerpos vacilantes conversan en silencio, mientras improvisan giros que desconocen. La música se detiene, los pasos también, pero seguimos presentes, y juntos. 

No más presencias ausentes, ni ausencias presentes. Basta de distracciones. Menos futuro y más hoy. Porque nunca es tarde para aprender a pasear, a escuchar, a bailar y a andar en bicicleta… para aprender a estar sólo donde estás y con quien estás, en cuerpo y alma, disfrutando de ese momento como si supieras, en el fondo, que es único e irrepetible. 

Guille Velez